La Inversión Extranjera Directa (IED), tradicionalmente asociada con crecimiento económico y generación de empleo, enfrenta hoy una paradoja preocupante: aunque el flujo de capital extranjero está creciendo en varios países, como lo muestran las cifras de IED captadas en economías emergentes, también se observan anuncios masivos de recortes de personal y reestructuraciones que ponen en jaque las expectativas laborales de miles de trabajadores.
Este fenómeno se ha hecho evidente en países como Costa Rica, donde entre julio del año pasado y febrero de este año varias multinacionales con presencia local anunciaron reducciones importantes de plantilla, incluso después de haber recibido incentivos o beneficios fiscales para mantener operaciones.
Por ejemplo, a principios de 2026 se autorizó a una gran empresa tecnológica reducir a la mitad su compromiso mínimo de contratación, pasando de más de 16 000 trabajadores a poco más de 8 000, lo que ha generado incertidumbre sobre el destino de miles de empleos. Otras compañías anunciaron despidos directos o la reubicación de operaciones fuera del país para reducir costos.
¿Por qué ocurre esta contradicción?
Que la IED aumente al mismo tiempo que se registran despidos puede parecer contradictorio, pero responde a cambios estructurales en la economía global que están transformando la forma en que las empresas operan:
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Modernización y automatización: Las corporaciones multinacionales están invirtiendo en tecnologías avanzadas, como robots, inteligencia artificial y sistemas de producción automatizados. Esto puede atraer capital extranjero sin necesariamente traducirse en más empleos, o incluso conduciendo a despidos si la tecnología reemplaza tareas humanas.
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Cambios en la estrategia de los inversores: Algunas inversiones actuales se enfocan más en infraestructura, investigación y desarrollo o activos de alta tecnología que en actividades intensivas en mano de obra, lo que puede explicar por qué el capital crece sin que se generen tantos puestos de trabajo.
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Competencia global entre destinos de inversión: Países compiten por atraer IED ofreciendo incentivos fiscales o ventajas logísticas, pero esa atracción puede venir acompañada de obligaciones laborales flexibles que permiten reducir personal para mejorar márgenes.
Impacto en el empleo y el tejido productivo
La paradoja entre IED alta y despidos ha generado preocupaciones entre analistas y exfuncionarios. En el caso de Costa Rica, por ejemplo, el país ha estado transitando de ser un destino atractivo por múltiples factores tradicionales hacia uno orientado a alta tecnología, lo que implica un cambio en la demanda de perfiles laborales y un ajuste que no siempre es inmediato ni suave para la fuerza laboral local.
Algunos recortes han sido muy significativos, como el caso de una empresa que informó la desvinculación de cerca de 900 colaboradores, y otra que decidió trasladar gran parte de sus operaciones a Asia para ahorrar costos. Es decir, hay capital fluyendo hacia la economía local, pero también grandes reconfiguraciones que impactan directamente en los empleos.
Esta situación arrastra consigo debates importantes sobre la calidad del empleo extranjero, la sostenibilidad de las estrategias de captación de IED y la necesidad de políticas públicas que armonicen la llegada de inversión con protección social y formación de capital humano.
¿Qué pueden hacer los gobiernos y empresas?
Para abordar esta paradoja, expertos y autoridades han señalado varias líneas de acción:
Fomentar inversiones que generen empleo de calidad: Más allá de atraer capital, se busca que los proyectos de IED se orienten hacia sectores que requieren más mano de obra y ofrecen salarios dignos.
Capacitación y reentrenamiento: Los países que enfrentan estos cambios deben invertir en estrategias de formación técnica y educativa que permitan a la fuerza laboral adaptarse a nuevas tecnologías y roles, mitigando el impacto negativo de la automatización.
Políticas de retención y desarrollo local: Incentivos que no solo atraigan inversión extranjera, sino que también promuevan lazos más fuertes con proveedores locales, cadenas productivas y desarrollo regional, pueden ayudar a distribuir mejor los beneficios de la IED.
Una tendencia global con matices regionales
Aunque esta contradicción entre IED y empleo se ha observado en casos específicos, la inversión extranjera sigue siendo un motor clave del crecimiento económico en muchas regiones, como lo demuestra el récord histórico en países como Chile, donde proyectos verdes y tecnológicos impulsaron cifras de capital extranjero y prometen miles de empleos directos en sectores emergentes.
No obstante, la naturaleza de la inversión está cambiando. La IED ya no se traduce necesariamente en aumentos equitativos de empleo tradicional. Las economías deben adaptarse a nuevas dinámicas globales, donde la calidad de los trabajos, la innovación y las habilidades técnicas son fundamentales para convertir inversiones extranjeras en beneficios tangibles y equitativos para la población local.






